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Depresión: el mal del siglo

07 Sep 20
Rashuah
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Antes de cualquier observación que quede claro: la depresión ¡es una enfermedad!

Digo esto, pues hay quienes piensan que es por flojera, falta de voluntad, pereza, etc.

Obvio que para una persona que convive con alguien abatido por esta enfermedad es difícil entender, convivir y principalmente ayudar. Pues no hay palabras positivas e incentivos suficientes que puedan perdurar cuando una persona sufre una crisis de depresión. Esa persona simplemente es incapaz de reaccionar sin un tratamiento, sin la mediación adecuada. Entonces, si tú convives con alguien que sufre de depresión, cuídate y ayuda a esa persona a buscar tratamiento médico.

Digo que te cuides pues es fácil que intentemos ayudar y no lo logremos, por ende terminamos sintiéndonos muy mal y consumidos.

La depresión parece ser realmente el mal del siglo.

¿Por qué?

Comprende los detonadores para intentar entender el proceso:

A pesar que la depresión tiene causas físicas que la caracterizan como una enfermedad tratable, muchas personas la desarrollan después de un periodo emocional especialmente perturbado.

Y vivimos en un tiempo dónde el estrés invade nuestras vidas cada vez más.

El estrés, exactamente por no ser una enfermedad propiamente, tiene síntomas indefinidos y al mismo tiempo abarcantes. Pueden ir desde un dolor de cabeza, disturbios del sueño, irritabilidad, cansancio, dificultad de concentración o tensión muscular a dificultades respiratorias, dificultad de memoria, problemas digestivos, presión alta, problemas cardíacos, y hasta disturbios psíquicos como síndromes, depresión y pánico.

El tipo de vida que nos auto-imponemos, en la cual pensamos ser necesario obtener mucho más recursos financieros de lo que realmente necesitamos, nos exigen más esfuerzo para cumplir el patrón establecido y nos coloca delante de conflictos en la vida profesional donde hay cada vez más competencia y menos espacio.

Y cuanto más nos apoyamos en causas externas para ser felices, más nos faltarán nuestros supuestos apoyos.

Los eventos en nuestras vidas así como algunas relaciones, son temporales, forman parte del gran flujo de la vida, del ir y venir de nuestros aprendizajes. Aferrarse a los eventos, personas y otras cosas temporales no tiene nada positivo.

Y cuanto más nos aferramos, más herimos a quien está a nuestro lado.

Es común que una persona que sufre de depresión no perciba a las verdaderas personas y apoyos en sus vidas, teniendo la costumbre de insistir en las perdidas, sin notar las inmensas y durables cosas positivas a su lado.

Y eso tal vez, sea lo que más hiere a las personas que están cerca intentando ayudarla a superar. Esas personas se sienten casi invisibles, desvalorizadas.

Lo que sucede es que una persona deprimida elige involuntariamente el foco negativo que la mantiene presa a un ciclo vicioso. No existen pensamientos positivos o alternativas que alguien le pueda ofrecer para que pueda reaccionar positivamente por un periodo más largo. Su mente acostumbrada al ciclo viciosos de pensamientos negativos la arrastra de vuelta.

Por eso mencioné en el principio del texto: ¡cuidado! Entiende el proceso y cuídate para que no seas arrastrado al punto de enfermarte emocionalmente también.

Incentiva a la persona a buscar ayuda profesional pero recuerda que tú no puedes ser el terapeuta de tus relaciones. Empatía y amor no quieren decir dejarte consumir. Al contrario, si tú caes no podrás ayudar de ninguna forma.

Los detonadores que causan las pequeñas y grandes crisis emocionales están esparcidos en nuestra sociedad.

Tal vez el alto patrón de exigencia que nos auto-imponemos sea uno de esos detonadores. Y ese alto patrón nos exige un comportamiento cada vez más encuadrado en una u otra serie de patrones, como los estéticos, económicos y sociales que valoran el externo y no toman en cuenta el verdadero yo de cada uno de nosotros.

Y eso se agrava si no aprendemos a valorar y vernos a nosotros mismos. No nos conocemos en realidad y eso nos hace rehenes, mirándonos y guiándonos por patrones externos y temporales.

Sea como sea, la crisis emocional que puede detonar un proceso de depresión,  es la alarma que estamos con pensamientos negativos con respecto a nuestro poder personal.

No nos sentimos lo suficientemente buenos, fuertes, esto o aquello.

¿Y qué significa suficiente?

Guiados por parámetros utópicos, lo suficiente puede significar lo imposible.

El miedo y la frustración pueden ser dos sentimientos importantes y generadores de la crisis emocional que antecede a la depresión.

A veces parece que entramos en un periodo de agujero negro, donde todo parece ser aspirado hacia ese abismo. Y parece que nada en nuestras vidas se manifiesta positivamente.

Pero en esos momentos, a pesar que nuestros pensamientos estén entregados a la negatividad, podemos intentar elegir pensar que eso puede ser una especie de aviso de la vida.

No como un aviso de que no somos lo suficientemente buenos y capaces, sino que estamos pensando en una dirección equivocada, la cual puede hasta que parezca correcta pero en verdad no es compatible con nuestro camino de evolución, con nuestra verdad interior.

Por ejemplo: Podemos querer que nuestra profesión vaya bien, sea exitosa, sin que nos guste realmente nuestro trabajo. Eso sería una incoherencia energética. El dinero proveniente del trabajo, simplemente no llega.

O, podemos estar deseando que una relación tenga éxito, pero al no conocernos realmente, no podemos conocer, entender al otro y también no conseguimos hacer que nos entiendan.

Lo que hace que nuestros caminos se abran naturalmente, sea donde sea, es nuestra energía de placer y verdad delante del suceso.

Busca investigar en el fondo de tu alma y ve donde tu verdadera energía estaría entrando en contradicción con tus actitudes y pensamientos. Utiliza el aparente agujero negro de la tristeza, de la forma más positiva, intentando entender los mensajes de la vida.

Busca preguntarte si, por ejemplo, el trabajo que ejerces actualmente es una voluntad de tu corazón. Pregunta y escucha a tu corazón, pues a veces escuchamos la voz irracional y nos olvidamos de escuchar nuestro corazón.

En caso que estemos siguiendo apenas la voz de la razón y olvidando nuestro corazón, el camino realmente no se abrirá totalmente. Lo que abre nuestros caminos en la vida es expresarnos con amor y placer, es lo que verdaderamente somos y nos gusta hacer. El éxito es consecuencia de eso.

Otras veces queremos controlar a las personas o deseamos que ellas sientan, sean o piensen como nosotros. Y cuando no logramos eso, podemos sentirnos frustrados. Otra vez son nuestros pensamientos y sentimientos negativos.

Nuestro agujero negro puede estar avisándonos que estamos siguiendo un camino equivocado, ya que nadie puede controlar o modificar al otro si esa persona no lo que quiere.

Escucha a tu corazón sinceramente. El sabrá guiarte.

No existe la felicidad sin autoconocimiento. La verdad libera.

No te resistas a buscar ayuda médica.

Muchas veces, tenemos un desorden físico-químico real y pensamos que estamos solo tristes. Existen medicamentos modernos y sin tantos efectos colaterales que pueden ayudarte, aunque sea por un tiempo, hasta que consigas lidiar mejor con tus problemas emocionales a través de psicoterapia o Terapia Emocional de Apoyo.

Busca percibir y reconocer los verdaderos apoyos que tienes a tu alrededor. Pero entiende que solo dependerá de ti salir de ese sufrimiento. Esa es una decisión tuya y que nadie podrá tomar por ti.

Busca un médico. Habla con el respecto a esto.

Cuida de ti, que la vida te contestará de vuelta de forma mucho más rápida y positiva de lo que puedas imaginar.

Con cariño,

Vera Calvet

Dolencias

28 Jul 15
Rashuah
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Es normal sentirnos tensos cuando percibimos que (en apariencia) no podemos tener ningún poder para controlar situaciones externas, todavía más, cuando esas situaciones involucran la salud, sea la nuestra o la de alguien próximo.

El ser humano tiene el hábito de ser controlador o al menos intentar controlar todo a su alrededor. La falta de salud tiende a ser una de esas situaciones que nos muestra claramente que no tenemos el poder de control que nos gustaría. Y esta constatación puede dejarnos sin consuelo, por la impotencia.

Pero es en estos momentos cuando podemos percibir que nuestro poder estará, exactamente, en entender que debemos parar con el intento de controlarlo todo.

 Puede parecer extraño lo que acabo de decir, porque parece que deberíamos parar de intentar mejorar nuestra salud, que deberíamos desistir de luchar. ¡Pero no es eso! Lo que estaríamos haciendo, es desistir de usar las armas erradas para enfrentar el problema para usar las armas correctas.

Observa que siempre que intentas controlar algo que sigue una dirección indeseable nos chocamos contra la vida.

Al intentar luchar a los golpes, estaremos parados mentalmente como si tuviéramos un muro delante de nosotros al que necesitamos derrumbar. El simple pensamiento de tener que golpear, de pelear o defendernos de una dolencia, por ejemplo, exige que haya un pensamiento contrario de que el oponente es muy fuerte y que su ataque es poderosísimo. Al pensar en la lucha, aumentamos el poder del adversario, atribuyéndole una fuerza enorme.

Tal vez, en vez de usar una bazuca para destruir el muro imaginario, podríamos cambiar el arma y usar el arma de la “verdadera percepción”. Si eligiéramos la herramienta de poder mirar de manera más amplia, veríamos que no existe tal muro que derribar. Si podemos cambiar nuestro foco de atención, nuestro mirar amoroso podrá decirnos que existe siempre algo para aprender en cada momento y que la dolencia también debe ser usada como aprendizaje. Podemos, a través de ella, descubrir algo sobre nosotros mismos que sin ella no hubiéramos visto.

Todos conocemos historias de personas que pasaron por momentos difíciles de falta de salud y que salieron transformadas positivamente. Algunos percibieron en sí mismos o en las personas a su alrededor, fuerzas, amor o poderes inimaginables anteriormente y otras empezaron a mirar la vida de una manera diferente, más positiva.

No quiero decir con esto que debemos conformarnos con la falta de salud y decretar un estado de entrega, al contrario, pues eso sería convencernos de que el enemigo es más fuerte y que nos ha vencido. Lo que quiero decir es que podemos vencerlo más fácilmente si no le damos a él  más poder del que tiene y si usamos su presencia para conocer un poco más acerca de nosotros y sobre la vida.

Si la dolencia es falta de energía y de vida, podemos oponernos  a ella buscando más energía y más vida.

Existe siempre la posibilidad de elegir y la responsabilidad en cada momento que vivimos. Todo puede enseñarnos algo, al entender el mensaje de las situaciones que vivimos podemos evolucionar. Existe un motivo para vivenciar la falta de salud. Ese motivo, sea cual fuera, siempre trae consigo un aprendizaje, una nueva postura frente a la vida.

Al adolecer por cuenta de un comportamiento negativo, sea por estar descuidando nuestro cuerpo, estresando nuestra mente o adoptando un comportamiento peligroso para nuestra integridad física, podemos tomar los medicamentos recetados por nuestro médico, hacer los tratamientos e incluso hasta curarnos. Pero, en caso que no haya ninguna transformación positiva en nuestro comportamiento, en caso que no haya ningún aprendizaje con la dolencia, probablemente vamos a repetirla o hasta agravarla, irremediablemente.

Las dolencias que normalmente son agravadas, algunas veces provocadas por el estrés emocional, son causadas por la exposición a la vibración de pensamientos negativos por un largo periodo, como puede ser por ejemplo, la ansiedad.

Todo se inicia con un pensamiento. Y nuestro cuerpo puede ser condicionado a reaccionar a este pensamiento. Pensamientos positivos, condicionamiento físico positivo. Pensamientos negativos, condicionamiento físico negativo.

En nuestro curso de Meditación Ráshuah hablamos largamente sobre este tema. Y dividimos el cuerpo en cuadrantes (los cuadrantes Ráshuah) para entender  mejor la relación que existe entre nuestro cuerpo y cada pensamiento y sentimiento.

El cuerpo nos avisa a través de diversas señales como estamos comportándonos emocionalmente. Vamos a aprender a usar mejor nuestra mente y nuestros pensamientos. ¡La salud agradecida!

 

Bendita sea tu vida y tu cuerpo.

Con mucho cariño,

Vera Calvet

 

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