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¿Por qué no tengo suerte?

¿Podría ser mala suerte? ¿Casualidad? ¿Será que eso existe? ¿Estaremos a merced de la casualidad? ¿existirá algún orden rigiendo lo que nos sucede?

Acostumbramos a decir que fulano tuvo suerte y mengano no la tuvo. Como si algunas personas tuvieran en sus bolsillos un trébol de cuatro hojas y otras una nube gris sobre sus cabezas. ¿Será tan cierto? Sería la vida tan injusta que unos siempre ganan y otros siempre pierden. ¿Cómo si al nacer fuésemos destinados a tener buena o mala suerte?

Solo de pensarlo se me eriza la piel. Todo lo que creo que es poder personal es simplemente casualidad y somos actores en una película donde no conocemos las reglas. 

Ya que estamos hablando de películas, vamos a volver atrás. Regresaremos al momento exacto donde respiramos nuestro primer aliento. 

En aquel momento tanto las personas de los tréboles como las de las nubes tenían exactamente el mismo potencial. Observa que digo el mismo potencial, no las mismas condiciones. Eso es otro tema y lo abordaremos en otro Podcast.

¿Cuál es el potencial? Es el de convertir las cosas según sus creencias. Vamos a nombrar a los nacidos con un trébol A y los nacidos con la nube B. Tanto A como B serán educados, independiente de su nivel social, económico y cultural dentro de creencias. Y esas creencias sumadas a sus inteligencias emocionales dictarán si serán A o B. Siendo que nadie es cien por ciento A y nadie es cien por ciento B. En cada A existe un poco de B y viceversa. La gran diferencia es que los A por ser personas de suerte, prácticamente ignoran las situaciones de B y viceversa.

Pero, que creencias e inteligencia emocional son esas que pueden transformar B en A.

Somos un conjunto de creencias y esas creencias moldean nuestro mundo. Si creemos que algo es posible y queremos ese algo, no existe nada que nos impida lograrlo. En algún momento eso ocurrirá ya que es lo que creemos posible y porque nuestro foco de atención está en esa dirección. Esa es la forma de ver el mundo de los tipo A.

Pero, si creemos que eso no es posible, podemos querer muchísimo, encontrar caminos que nos ayuden a lograrlo, pero el resultado no se dará, simplemente porque en el fondo de nuestro inconsciente está la percepción de que eso es imposible. Entonces, cuando alguien lo consigue, una persona tipo B pensará que el otro tuvo suerte y el no. Esa es la forma de ver el mundo de los tipos B.

Podemos cambiar la palabra imposible por otros conceptos como no merezco, eso no es para mi, solo personas del tipo A lo logran, solo personas X pueden, solo personas que lograron Y son capaces, solo personas que tienen Z pueden o cualquier otra creencia. La creencia dictará nuestro destino. Será la creencia que nos impulsará o nos impedirá conseguir lo que deseamos desde el fondo de nuestros corazones.

Pero el mundo no está hecho solamente de creencias y no son solo éstas las responsables por resultados tipo A o B.

Voy a dar un ejemplo que le sucedió a un alumno mío. Él es una persona muy buena, muy educada, muy gentil, muy callado y con un sentido de justicia muy fuerte. Suele ser una persona muy fácil de lidiar y muy objetiva en su habla. Pero si alguien le pisa el pie más de una vez, él activa automáticamente su Hulk y explota en una furia sin límites que se expande por todos los lados. Obviamente, él es el más sufre con todo eso, porque cuando su rabia se enfría, solo le queda pedir disculpas por su reacción desmedida y aceptar las consecuencias de su explosión.

Un día, estábamos hablando sobre los niveles de frustración, cuando él comentó que era una persona con muy mala suerte, o sea, una persona tipo B. Siempre que tenia que resolver un trámite, las personas lo trataban mal, o el trámite no resultaba, el sistema fallaba, se cortaba la luz, la fila era gigantesca o simplemente alguien le negaba un derecho que él tenía. Al escuchar esa historia, uno piensa, que persona con tan mala suerte. ¡Todo le pasa a él!

¿Será esto tan cierto?

Vamos a pensar de una manera mucho más profunda e iremos al lado cuántico. Si reducimos lo que somos a lo más pequeño que existe, a partículas subatómicas, somos en realidad energía. Esa energía se expande e irradia todo a nuestro alrededor. Todo lo que emanamos lo atraemos, porque energías afines se atraen y energías diferentes se rechazan. Entonces si tuve una crisis de frustración y salí gritando o echándole la culpa a alguien o pateando lo que tengo por adelante, fue exactamente esa energía la que estuve expandiendo. Esta energía va a circular, encontrará otras energías afines y regresará a mí en algún momento.

Recibimos del universo aquello que entregamos. No es mala suerte, no es casualidad, es la ley de causa y efecto. Ley de la física que rige la acción. Para cada acción existe una reacción igual y contraria. Estoy segura de que todos ya escucharon al menos una vez esa frase en una clase de física.

Bueno, vamos a tomar las creencias y juntarlas con la energía que emanamos. ¿Qué sucederá?

Imagina si pensara que determinadas personas tienen buena suerte o no. Digamos que voy a intentar algo que otra persona logró y no me sucede lo mismo, me siento frustrada porque mi expectativa era que lo lograría. El tema está en que no percibo que esa expectativa no era mía, lo único que veo es mi frustración. Reacciono a esa frustración de forma explosiva o de forma implosiva. No importa cual sea la forma, la rabia está allí y no la reconozco. Lo único que siento es que no conseguí lo que deseaba. No logré lo que quería y el otro sí, tengo que culpar a alguien. De esa forma sigo alimentando la energía de la rabia, que es una energía caliente y de fácil expansión. De tanto quejarme, termino por creer que no tengo suerte y desisto. Pero aquella energía que emané sin percibir regresará a mi. Y sin darme cuenta, construí una creencia que el otro tuvo suerte y yo no. La próxima vez que necesite algo semejante, ya estaré predispuesta a reaccionar en caso de que mi expectativa se vea frustrada y con un pensamiento inconsciente que eso es lo que ocurrirá, pues esa experiencia ya la viví y sé que es real. Experiencias conocidas se transforman en creencias y las creencias en verdades incontestables. Mi verdad ahora es que soy una persona B, y, por lo tanto, una víctima de la casualidad.

¿Cómo puedo salir de ese nudo de creencias y emociones inconscientes? ¿Como actuar según la ley de causa y efecto sabiendo que energía estoy enviando?

La respuesta es el autoconocimiento. Cuando estamos reaccionando emocionalmente no estamos reaccionando bajo nuestra razón y no logramos percibirlo. Pensamos que hablamos de una determinada forma, cuando en realidad, estamos hablando de otra, pensamos que fuimos sinceros y objetivos, cuando estábamos confundidos y dando vueltas en círculos, pensamos que teníamos derechos sin tener en cuenta que otros lo podrían tener también. Hablamos desde el ego, estamos cegados por él. No conseguimos razonar ni ver a un palmo de nuestras narices ¡y pobre de aquel que nos lleve la contraria!  Y de esa forma, vamos expandiendo una energía inconsciente y enmarañada que regresará a nosotros, con la intención de decirnos que estamos sintiendo en realidad, pero como estamos cegados por la emoción, no podemos percibirla.

Autoconocimiento es salir de ese lugar emocionalmente alterado, salir del hábito de reaccionar de determinada forma y empezar a observar en lugar de rotular o determinar como deberíamos actuar. Debemos observar nuestra reacción, observar la reacción de los demás con respecto a nuestra reacción. Observar si estamos recogiendo eventos A o B. A través de nuestras observaciones, generamos el autoconocimiento. En el momento que volvemos conscientes nuestras emociones y pensamientos podemos entonces modificarlos y cambiar el rumbo de los eventos. Salimos de la forma condicionada a la forma consciente.

Somos los autores de nuestra historia. Para modificar una creencia o una energía primero tenemos que reconocerla y solo entonces, con herramientas de autoconocimiento transformar los obstáculos que nos detienen en un trampolín que nos impulse.

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