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La paz en tiempos de turbulencia

¿Qué significa paz? Según el diccionario es la relación entre personas que no están en conflicto; estado del espíritu de una persona que no está perturbado por conflictos o inquietud; estado característico de un lugar o momento en que no hay disturbios.

 

Resumiendo: la paz es calma y tranquilidad.

 

Pero la paz es una calma que nace desde nuestro interior, es un estado de espíritu que independe de lo que esté sucediendo afuera. La persona no se derrumba en el vaivén de los conflictos. ¿Pero cómo lo logra?

 

Vamos a imaginar que cada uno de nosotros es un barco que necesita navegar por el océano para aprender a través de los vientos y mareas como crecer y dirigir ese barco. En el barco tenemos velas, remos y motor. Cada una de esas herramientas se debe utilizar en el momento oportuno para ayudarnos a seguir adelante. Y, además, tenemos una brújula que nos orienta en ese vasto océano.

 

El barco representa nuestro cuerpo físico, la brújula es nuestro corazón, el mástil nuestro eje y las mareas son los ciclos de aprendizaje que vamos a vivir. En el transcurrir de los tantos trayectos que haremos, vamos entendiendo que el tiempo también nos enseña que no necesariamente hay prisa en llegar a algún destino. El norte es solamente un punto de referencia, una meta, un objetivo para no perder el foco, pero lo importante es saber lidiar con las intemperies y utilizar las herramientas en el momento correcto: a veces más rápido utilizando el motor, a veces más despacio utilizando los remos, otras veces levantando las velas y fluyendo con la marea u otras estando parados esperando el momento de volver a ponernos en movimiento.

 

Las ondas representan los puntos de conflicto. Estar en paz no significa no tener turbulencias en el mar, significa saber navegar a pesar de aquello, observando si el mástil está bien encastrado. Hay un viejo dicho que dice: Ningún mar en calma hizo experto a un marinero. La calma del mar nos mantiene en una zona de confort, nada se aprende y nada se enseña.

 

Entonces, ¿Cómo podemos tener paz en un mar que no podemos controlar? Es sencillo, sin embargo, no es fácil.

 

El océano representa el aprendizaje colectivo, los vientos nuestros pensamientos. Cada pensamiento en conflicto ya sea consciente o no, impulsa las mareas. Los cambios bruscos provocan los remolinos, la rabia los huracanes, la intolerancia los tsunamis. Así que, no podemos controlar el mar, no podemos controlar los pensamientos de los demás, no podemos controlar los conflictos ajenos, y tampoco sus actitudes o emociones.

 

Entonces, ¿Qué podemos controlar? Nuestros pensamientos, nuestros conflictos, nuestro barco para que no se sumen a otras ondas y generen tsunamis, huracanes o remolinos que puedan estropear nuestro barco. Tener paz es seguir adelante, sabiendo utilizar las herramientas que tenemos para observar nuestros conflictos internos y transformarlos en equilibrio, manteniendo intacto el mástil para continuar navegando. Así nos vamos fortaleciendo, seguros de tener en control nuestro barco, que tanto la calma como la tormenta van a pasar y llegaremos a nuestro destino, con el mínimo daño posible.

 

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